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Club Naval **

Hasta el 25 de noviembre de 2016 el hecho de que las niñeras y empleadas domésticas en general no pudieran entrar al Club Naval de Cartagena era una norma discriminatoria desapercibida y normalizada. Esto cambió gracias a que Carmen Cecilia Beltrán, cuidadora de un niño de 12 años desde hace dos, denunció y exigió sus derechos a la igualdad y a la no discriminación, con lo que logró que la justicia regañara a la sociedad clasista y que el Club le pidiera disculpas y cambiara su reglamento para que no prohíba el ingreso de las empleadas.

 Antes tuvo que pasar por un lamentable episodio, relatado así por la columnista Claudia Ayola del medio de comunicación El Heraldo, titulado “Discriminación”:

“(…) la tarde del 25 de noviembre fue al Club Naval. Como su jefa, la mamá del niño, también trabaja, Carmencita llevó al pequeño que tiene a su cuidado a la fiesta de cumpleaños de un amiguito.

En la entrada del Club le dijeron que las empleadas del servicio tenían prohibido el ingreso. Explicó que el niño estaba invitado a una fiesta y el vigilante la dejó seguir. Ya dentro de las instalaciones del Club Naval, una cadete se acercó a Carmencita y le dijo que estaba prohibido que las empleadas del servicio estuvieran en el Club Naval. Carmencita pasó de sentirse incómoda a humillada. Pese a la indignante situación, tomó asiento en la fiesta que, para entonces, ya había comenzado. Su propósito era acompañar y cuidar al niño que tiene a su cargo. Un par de horas más tarde recibió una llamada de su jefa en la que le contaba que, a su vez, había recibido una desagradable llamada de la mamá del niño de la fiesta, quien intentaba explicarle que en el Club Naval no se permiten empleadas, que el gerente estaba atento y que debía ordenarle a Carmencita que se retirara antes de que la sacaran. En cuanto colgó con su jefa, la mamá del cumplimentado se acercó a Carmencita, le pidió disculpas y le explicó que era una medida del Club que debían cumplir”.

¿Cuántas mujeres como Carmen pasaron antes por esta misma situación? ¿Cuántos empleadores aceptaron sin más esta norma? ¿Cuántos cadetes y vigilantes hicieron cumplir esta absurda regla? No se sabrá. Lo que sí quedará en la historia es que esta mujer, trabajadora doméstica desde hace 13 años, supo entender que el malestar que sintió por la humillación no era algo que tuviera que soportar por motivos de clase social, de nivel educativo, por su raza, por su género o por su tipo de trabajo, si no que vio cómo claramente que sus derechos a la igualdad y a no ser discriminada habían sido vulnerados por una institución que, además, era de carácter público.

Junto a la visión y el carácter de Carmen, también celebramos la actitud que en este caso mostró su empleadora, la mamá del niño que cuida. Esta mujer fue capaz de ponerse en el lugar de Carmen y no dudó que lo que había ocurrido era vergonzante para la sociedad y decidió apoyarla en su denuncia, como lo relató a El Heraldo el mes de diciembre pasado:

"Mi patrona me llamó, bastante triste y con pena, para decirme que la había llamado la mamá del niño que cumplía, porque en el club le habían dicho que yo no podía estar ahí. Me sentí muy mal, al punto que me puse a llorar, y me salí para esperar que mi patrona pasara a buscarme en el carro. Cuando llegó a recogerme (su jefa) se puso a llorar conmigo porque ella también se sintió indignada por lo que había pasado".

La tutela al Club Naval

El abogado Kriss Urueta León, fue quien acompañó a Carmen Cecilia Beltrán en el proceso para interponer una acción de tutela ante el Juzgado Décimo Penal Municipal con funciones de control de garantías de Cartagena. Su único fin era que el Club Naval le pidiera disculpas públicamente.

La tutela fue aceptada y el fallo del Tribunal Administrativo de Bolívar dijo que “el Club Naval y la Armada le violaron sus derechos fundamentales a la igualdad, no discriminación, y que la trataron de forma cruel y degradante; ordenó que cambien su reglamento para que el club permita el ingreso de empleadas domésticas, y que el gerente del sitio pida excusas públicas a Carmen”, según publicó El Espectador el 20 de enero de este año.

Para el abogado Ureta “Este caso marca un precedente importantísimo en la lucha contra la discriminación porque Cartagena es una ciudad donde más hay exclusión, no se puede seguir violando los derechos humanos de las personas, y peor aún si se trata de una entidad de la Armada que está llamada de proteger a los colombianos y en lugar de eso lo que hace es segregar y discriminar”.

Las disculpas del Club Naval

Tras el fallo, este texto que cita El Espectador en una publicación del 22 de enero, fue publicado en la primera página del diario El Universal, el más leído en Cartagena: “La suscrita directora del Centro de Recreación de Oficiales Club Naval Santa Cruz de Castillogrande se permite presentar excusas públicas a la señora Carmen Cecilia Beltrán Pájaro, por los hechos ocurridos el 25 de noviembre de 2016, en nuestras instalaciones. La Armada Nacional le reitera a usted, y a la comunidad en general, su compromiso irrestricto con el respeto a los derechos fundamentales de todos los ciudadanos”.

Aunque a Carmen le pareció un aviso muy pequeño que nadie vería y que, incluso, fue desapercibido por ella cuando compró el periódico, recuerda de esta manera su reacción al enterarse del fallo del Tribunal: “Sentí alegría y lloré, no quiero sentirme humillada. Yo pedía que me dieran disculpas en público, para que otras personas que les pase lo mismo denuncien, no se queden calladas. A veces uno cree que no lo va a lograr, al principio estaba dudosa, pero Dios estuvo a mi lado”. Por estas palabras, por su dignidad inquebrantable, ¡¡¡GRACIAS, CARMEN CECILIA BELTRÁN!!!

Cármen, su empleadora, la justicia colombiana, los medios de comunicación y el Club Naval, han dado un paso hacia la igualdad.

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** La foto es de El Espectador. 

Febrero de 2017