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Por su parte, los empleadores, legal y/o de hecho, son mujeres víctimas también del mismo estereotipo cultural de género que naturaliza y legitima la discriminación, inequidad y violencia2. A pesar de que ya no hay prácticamente ningún espacio de la sociedad vedado para las mujeres, aún las de mayor calificación laboral siguen sintiendo las aberraciones del orden social patriarcal que no entiende ni admite que las violencias contra las mujeres son violaciones a los derechos, y es en la casa, en el trabajo doméstico, donde comienza y se perpetúan esas inequidades.

El "relato dominante" pone a la mujer como madre, esposa, objeto, víctima. Una creencia que se exacerba en el caso de la trabajadora del hogar y que es replicado por sus patronas, en tanto al rol de la mujer ya descrito, se suma la idea de que el trabajo del hogar no es un trabajo. En España, cuando alguien pregunta qué hace un ama de casa, se le responde: está en "sus labores". Es común oír "mi mamá no hace nada", "mi mujer no hace nada", "ella está en la casa". Estos conceptos se trasladan a la percepción que tienen las patronas, quienes frente a esta distorsión de la realidad, resultan replicando, en sus trabajadoras de hogar, las injusticias que contra ellas se cometen, y lo aceptan ética y moralmente. Las patronas desconocen la ley que cobija a sus empleadas o la incumplen, so pretexto de compensarlas con intangibles como el cariño y el buen trato, o con bienes y servicios supervalorados como el albergue o la alimentación. Estos comportamientos indebidos se ven arraigados en Antioquia, donde está generalizada la idea de que el incumplimiento de la ley es un símbolo de inteligencia.


 2. El Tiempo. Profesión Mujer, ni un abuso más.