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La Asociación para los Derechos de las Mujeres y el Desarrollo (AWID) entrevistó a Andrea Londoño, coordinadora de la iniciativa Hablemos de Empleadas Domésticas. La entrevista es un resumen de la situación que viven estas mujeres en Colombia. 

"La Brecha Entre Las Leyes Y La Realidad Para Las Trabajadoras Domésticas Colombianas

NOTAS DE LOS VIERNES: La Organización Internacional del Trabajo (OIT) adoptó en 2011 el Convenio sobre las trabajadoras y los trabajadores domésticos (C189), que entró en vigor el 5 de septiembre de 2013. A un año de esto, AWID conversó con Andrea Londoño S., Coordinadora de la iniciativa ciudadana Hablemos de Empleadas Domésticas de Medellín, Colombia. Ella nos presenta el panorama legal, cómo se están organizando y cuáles son los desafíos que enfrentan las trabajadoras domésticas en ese país.
By Gabby De Cicco

La información suministrada por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística de Colombia (DANE) a la OIT en el 2004, reporta que hay casi un millón de personas empleadas como trabajadoras domésticas. Por su parte, el Ministerio de Trabajo informa que de estos puestos 750.000 son mujeres empleadas domésticas.

AWID: ¿Cómo se compone el movimiento de mujeres empleadas domésticas de Colombia? ¿Cómo se da la intersección las mujeres indígenas, las afro descendientes, y otros grupos de mujeres?

Andrea Londoño (AL): En 2013 nació en Medellín, motorizado por 28 mujeres, el sindicato Unión de Trabajadoras del Servicio Doméstico (Utrasd), que hoy cuenta con cerca de 200 afiliadas. Utrasd nace de un proyecto de investigación para conocer la situación de las mujeres afro en Medellín, en su gran mayoría empleadas domésticas, y por tanto la composición del sindicato es mayoritariamente de afro descendientes pero también hay blancas, mestizas e indígenas. Su misión es la de velar por los derechos laborales de las empleadas domésticas en general, lo que implica también trabajar contra la discriminación racial y de género.

Esta iniciativa ha sido apoyada por la Escuela Nacional Sindica (ENS) y por Hablemos de Empleadas Domésticas. La ENS les ha suministrado asesoría jurídica en su constitución, formación en derechos humanos, laborales y sindicales a las empleadas y suministro de la logística para el funcionamiento del mismo. Del movimiento ciudadano han recibido apoyo en comunicaciones para su visibilización y posicionamiento a través de las redes sociales digitales y eventos académicos.

El sindicato Utrasd es en este momento la organización más activa con que cuentan las empleadas domésticas. Las empleadas se reúnen semanalmente en la ENS, y su Junta Directiva viene siendo apoyada por la Central de Trabajadores. Allí reciben capacitaciones y delimitan consensuadamente su plan de trabajo.

AWID: ¿Podrías decirnos cuál es la situación de las trabajadoras?

AL: El trabajo doméstico es la principal fuente de empleo urbano para las mujeres en Colombia (33.6%). Estas mujeres son la fuerza de trabajo invisible que permite que buena parte de un país trabaje y se desarrolle, y aún así son menospreciadas por los ciudadanos y sus instituciones. La investigación Barriendo la Invisibilidad, realizada en 2013 mostró que el 61.9 % de las trabajadoras domésticas tiene un promedio de ingresos mensuales entre US$ 81 y US$ 161, cuando el salario mínimo vigente era de US$ 315; el 91 % trabaja entre 10 y 18 horas diarias, en muchas ocasiones incluyendo el sábado, lo que las deja sin posibilidad de escolarización o capacitaciones; el 90.5 % no recibe pago por horas extras, sólo el 33.3 % tiene acceso a la seguridad social y el 50 % no está afiliad/o a pensiones.

A pesar de los avances legislativos de los últimos tres años, la situación laboral y de vida (en su gran mayoría son cabeza de familia) de las empleadas domésticas es crítica y son víctimas de discriminación laboral, de género y racial.

AWID: ¿Con qué legislación cuentan que promuevan sus derechos? ¿Fue ratificado el Convenio C189 de la ILO? ¿De qué manera afecta esto al marco legal actual?

AL: Ningún momento de la historia de Colombia, como el actual, ha sido tan favorable, legislativa y políticamente hablando, para impulsar el mejoramiento de las condiciones laborales y por tanto de vida, de este grupo poblacional. La legislación ha sido muy importante, pero hay una brecha grande entre la ley y la cotidianidad. Es fundamental adelantar una campaña que movilice a las y los ciudadanos y a los empleadores, en cuyas manos está en este momento el poder para hacerlo.

En 2012 se creó la Ley 1595 que aprueba el Convenio 189 de la OIT, en la cual se expresa la voluntad del gobierno nacional de velar por sus derechos laborales y se adquieren compromisos frente al ente internacional.

En 2013 se dictó el Decreto 721 por el cual se regula la afiliación de las y los trabajadores del servicio doméstico al Sistema de Compensación Familiar.

El Decreto 2616 del 20 de noviembre de 2013, del Ministerio de Trabajo, regula la cotización a seguridad social para trabajadores dependientes que laboran por períodos inferiores a un mes, y se dictan disposiciones tendientes a lograr la formación laboral de las y los trabajadores informales.

En Colombia las empleadas domésticas también están protegidas por la legislación laboral de cualquier trabajador, exceptuando dos normas: la primera, están excluidas del pago de la prima[1], y la segunda, se refiere a que las empleadas internas, es decir, las que duermen en la casa del empleador, deben trabajar dos horas diarias más que el resto de los trabajadores colombianos; hasta el momento no hay razones que nos permita entender esta arbitrariedad.

A partir de la reciente legislación se han creado en los últimos dos años empresas comerciales que las subcontratan para prestar sus servicios al usuario final.

AWID¿Cuáles son los desafíos que aún quedan por enfrentar en Colombia respecto al trabajo doméstico?

AL: A pesar de los avances recientes en materia legislativa, son múltiples los desafíos. Las trabajadoras domésticas, responsables del cuidado de miles de niños, adolescentes, enfermos y ancianos, y de las casas donde laboran, son además víctimas de maltrato, acoso y abuso laboral y sexual, y discriminación racial[2] por parte de sus empleadores. Estos delitos que quedan ocultos en el ámbito del lugar de trabajo de las empleadas, pero que les mina su autoestima y por ende su calidad de vida.

Igual de preocupante es la fragilidad con la que ostentan el derecho a la ciudadanía y su correspondiente dificultad para la construcción de bienes públicos: muchas no tienen cédula, una gran mayoría tiene un nivel de alfabetismo y escolaridad mínimo, no conocen sus derechos civiles, no tienen participación política, es decir, son invisibles, por no decir, inexistentes para el Estado, la democracia y sus instituciones.

Una de las grandes dificultades para cualquier intervención sobre el problema, es la disgregación de estas trabajadoras: cada una está en una unidad productiva o de trabajo (casa) distinta y distante geográficamente, y las posibilidades de ejercer presión de grupo son más remotas que en el caso de las unidades productivas empresariales, por ejemplo.

Esta misma dificultad la encuentra el Gobierno a la hora de ejercer deberes de inspección, fiscalizadores o judiciales sobre los empleadores. En otras palabras, las empleadas del servicio doméstico en Colombia, están hoy a merced de su empleador (ellas dicen que en la mayoría de las veces su empleador es la patrona), y los patrones –como se les llama en Colombia-, en su gran mayoría desconocen la ley laboral que cobija a sus empleadas domésticas, o la desatienden flagrantemente con el pretexto de compensarlas con intangibles como el cariño y el buen trato, o con bienes y servicios supervalorados como el albergue o la alimentación. Este punto es de los que más llama la atención por lo contradictorio, pues los empleadores dicen que su empleada es “el miembro más importante de la familia”, o “es como de la familia”, o “sin ella mi familia es un caos”, y esta alta valoración no se ve representada en el acatamiento de todos sus derechos laborales, en especial los relativos al pago del salario mínimo, el pago de todas sus prestaciones sociales y el cumplimiento de una jornada laboral diaria que no sobrepase las 8 horas para las empleadas externas o “por días” y las 10 horas para las internas.

AWID: ¿Se están organizando las trabajadoras para monitorear el Convenio?

AL: El sindicato Utrasd no tiene en el momento la infraestructura para monitorear el Convenio. Esta ardua labor la vienen haciendo la Escuela Nacional Sindical y el movimiento Hablemos de Empleadas Domésticas.

[1] Es una especie de bono o extrasueldo. De hecho, corresponde a la mitad del salario a mitad de año y otra mitad de salario extra que se entrega en navidad (al final del año). La prima es una bonificación que entrega el empleador a los trabajadores por los excedentes o utilidades que ha producido la empresa. Las empleadas domésticas están excluidas de esta prima por considerar que la casa no es una unidad económica productiva como lo es la empresa. Nosotros consideramos que los empleadores contratan una empleada doméstica para generar excedentes y por tanto deberían también recibir la prima."

[2] Internet. El Espectador. El Sindicato de Muchachas Negras. Consultado el 9 de marzo de 2014.

La entrevista en francés y en inglés

Septiembre de 2014.